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No hay perfección sin esfuerzo. Los mediocres jamás cosechan rosas por temor a las espinas.

lunes, 11 de julio de 2011

¿ Es verdad que Dios existe?

¿No ha pasado contigo en caso selecto que le haya sido vergonzoso ver en el muro de su página o red social un mensaje o etiqueta de tinte cristiano?

Es casi normal, no te preocupe…..

Si no es tu caso, pues eres feliz..jeje

Y si fue, entonces toma un tiempito de leer lo que sigue, tal vez nunca te arrepientas y te sea de ayuda….

Por cada palabras que digo o escribo tal vez sume o reste amistades, pero francamente por amor a la vida y a los vivos, me esfuerzo por defender una verdead irrefutable. Quizás uno diga, la verdad es lo que yo creo o como yo creo que son; entonces habría muchas verdades entorno a un mismo tema que se contradecirían porque más de uno pensamos distintos, eso denota claramente que la verdad necesita más que nuestra propia imaginación o manera de pensar. Hay una verdad y los demás son solos contradicciones.

¿Y cómo sabré si lo que defiendo o digo sea la verdad?

Allí ya no solo es lo que pienso, sino que entra a formar parte importante del tema el conocimiento y la experiencia testimonial o encuentro cara a cara con el hecho que encara al tema en cuestión.

La existencia de Dios y creer en él, no es una opción, sino una obligación personal silenciosa, es como uno no quisiera creer en la existencia de un papá o una mamá, pero no porque no crea deja de existir papá y mamá sino que la existencia es una verdad irrefutable, pues este es el caso de Dios.

La creencia en Dios, no es cuestión de ignorancia o de conocimientos altísimos, no depende de títulos honoríficos ante la sociedad, sino por sobre todo de experiencias vivas o testimoniales. Las enseñanzas de la Iglesia serían vacías y se diluirían en la nada si no hubiera una verdad latente que diera vida incesante durante siglos y siglos, de persecuciones letales por parte de hombres, mujeres, ciudades, reyes y naciones que quisieron apagar la voz testificante respecto a un hombre “Cristo Jesús” quien un día fundara y prometiera que ningún poder alguno, tanto como: la ciencia del conocimiento, los espirituales ni la fuerza oculta podría prevalecer sobre ella.

Es esta la verdad que defiendo, “Ayer creí en Dios por enseñanza de la madre Iglesia, hoy creo por experiencia”, por lo que he oído, por lo que he visto, por lo que he sentido, por lo que he vivido y eso ni la ciencia, ni la fuerza, ni el tiempo, ya sea, el pasado, el presente o el futuro me la podrá quitar; Solo Dios cuando me diga; “Ha llegado tu hora, ven a compartir el gozo eterno conmigo” entonces, mi vida, quizás sin historia para el mundo, pero su lucha por la verdad, su pasión por la vida dispuesto siempre a defenderla a coste de perder simpatizantes y ganar enemigos, han servido más que suficientes para ganarme el gozo ya en la tierra como anticipo y luego incomparablemente en el cielo.

Creo en un Dios Trino, creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo y Creo en Dios Espíritu Santo; Creo en la Virgen Santísima, creo en la voz de la Iglesia como voz de Cristo, creo en sus enseñanzas, creo en sus pastores aunque conforman hombres pecadores, pero también sé que hay hombres santos, creo que todas las enseñanzas consideradas como verdad, son inspiradas por Dios a través de su Espíritu Santo.

Y Si Dios dice utilizando voz de la Iglesia “Defiendan la vida desde la Concepción” yo defiendo la vida desde ese mismo momento…..

El Papa Benedicto XVI ha dicho; una vez que hay personas que dicen ser católicos y creer en Dios, pero luego actúan como si Dios no existiera y como que todo dependiera de ellos. Se podría decir que, en la práctica, son ateos.

Con esto doy inicio a una seguidilla de experiencias que iré publicando con el correr del tiempo para sustentar lo dicho más arriba, la creencia en Dios.

Espero no haberlo insultado, o disgustado con mi humilde escrito, lo hice sin ánimo de ofender a nadie. Un fuerte abrazo de corazón a corazón en Cristo Jesús, el Señor. Osmar David

martes, 5 de julio de 2011

Una Joven de 18 años se salvó de una muerte segura


Testimonios Reales:

Protagonista Principal: María de Nazareth

Fue una mañana agradable, clima templada, un día más como cualquier otro día con el mismo tono cotidiano. Cercano al medio como a las 11:00 am, llega mí hermano menor del interior del país a la residencia donde yo estaba, pidiéndome que le acompañara a una librería cercana de donde pudiera adquirir una biblia nueva. Habiendo tantos lugares cercanos uno solo resonaba en mi mente. “Medalla Milagrosa” ubicada en la parroquia del mismo nombre de la ciudad de Fernando de la Mora “Departamento Central” Paraguay.

Nos dirigimos a la parroquia y al llegar grande nuestra sorpresa, nos econtramos con un cartelito: “Atendemos de 8:00 am a 11:30 am y de 14:30 pm a 19:00 pm, estábamos en el lugar exactamente al medio día, por lo que le dije a mi hermano “Vayamos a comer algo y luego pasemos al templo a orar mientras llega la hora de la apertura . Una vez que hemos alimentado el cuerpo pasamos al templo para alimentar el espíritu con la presencia del Santísimo. “Bendito Templo, nos acogió con sus puertas de par en par abiertas” entramos y me dirigí en el primer asiento, muy cerca del santísimo y mi hermano quedó muy atrás.

Mientras oraba con los ojos cerrados a Jesús presente en el Santísimo Sacramento antes de dar inicio al rezo de los misterios del rosario en honor a María Santísima, oí en la otra banca, a mi derecha, unas palabras torcidas apenas entendibles que decía, “Aquí estoy” y empezaba a llorar, cada vez lloraba más. Miré de reojos y difusamente vi a alguien arrodillada, instantáneamente surge en mí una inquietud, un impulso para acercarme, pero también no faltaba el miedo y la duda, pero al fin pudo más la santa inquietud de dar consuelo al que sufre.

Sin más, me acerqué y era una bella joven de más o menos 18 años; removido por la compasión le dije: “Mira, siento tu tristeza, no te pido que confíes en mí, ni que me cuente el problema; solo te pido que me acompañes a rezar un solo misterio del rosario y tu tristeza desaparecerá” Ella solloza movió la cabeza arriba abajo dandome a entender que aceptaba y empezamos. A mitad del misterio ella dejó de sollozar y oramos el rosario tan suave pero efusivamente. Al terminar el rosario, nos santiguamos y en ese momento ella me mira a los ojos y me dice una sola palabra “Gracias”, yo veía en su rostro una alegría profunda, las lágrimas se secaron, sus ojos brillaban, irradiaba una hermosa semblante y prosigue: Yo soy Dahiana y quiero contarte sobre mí; allí les dije, “bueno, entonces sí te escucho” Hace 6 meses que había había roto mi noviazgo con un joven, yo le quería con todo mi corazón, pero no nos entendiamos, habiamos terminado pero no puedo superar, él en cambio casi a propósito me hace cosas para hacerme sufrir, busqué todos los medios para arrancarlos de mi mente y corazón pero ya me veo sin fuerzas, he dicho que ya no merecía vivir y estaba a punto de quitarme la vida, cuando un amigo se me acerca como sabiendo lo que me pasaba y me dijo que soñó a la virgen, y le dijo en su sueño que yo viniera aquí al templo para el medio día, que tenía algo que decirme, fue así que llegué aquí con el alma desgarrada desahogándome en ella, pero ahora comprendo que es ella que te llama aquí para hablarme………….

En ese momento con suma alegría, le dije; Así es, esta manera empezamos a estrechar diálogos, comenzando del amor de Dios, ella comprendió cuantos era importante para Dios y cuántos Dios ha sufrido con ella, que ella era la niña de sus ojos y que llegaba el día de su rescate, porque ha respondido al llamado por medio de la Santa Madre. Así mismo le explicaba el valor de los sufrimientos y las enseñanzas que nos dejan en la vida. Pasaron las horas y olvidé a mi hermano, quien pacientemente me esperaba en el mismo lugar. Nos despedimos con abrazos efusivos y nosotros por nuestra parte entramos para realizar la compra de la Bíblia que solo fue un motivo que Dios usó para llamarnos al lugar.

Dios mueve tierra y sol, estrecha caminos, dilata el tiempo por ayudarnos, mi hermano vino de tan lejos por doble razones justas, por la bíblia y por la ocación del encuentro con la joven.

Poco tiempo después, Dahiana me llamó y pidió encontrarse conmigo, quería presentarme una persona a lo que acepté y concordamos encontrarnos en una pizzería. Aquel día, ella trajo consigo un joven que era cristiano comprometido en la espiritualidad y era la misma persona que soñó con la virgen. Ella había confiado una vez más en el amor y ha abierto su corazón dándose oportunidad; resultado:Un nuevo noviazgo pero esta vez cimentada en Cristo.

Al cabo de unos cuántos meses, ella me volvió a llamar para compartirme lo feliz que estaba y que ha conseguido un buenísimo empleo en un puesto bancario. Ella fue sanada de una herida interior muy grave el cual casí acabó con su vida; Ella pasó de la tumba a la gloria en Cristo Jesús el Señor. A él sea la Gloria, la honra hoy y siempre. Amen

Hoy Dios no tiene ojos, oídos, brazos, piernas, labios y corazón que la nuestra: Él ve con nuestros ojos la necesidad de los afligidos, oye con nuestros oídos los lamentos, los clamores de quienes sufren y necesitan consuelo, usa nuestros brazos para tender a los que han caído en el error y no pueden por si solo levantarse, se traslada através de nuestras piernas para llegar hasta los más necesitados, habla por nuestros labios para proclamar la buena nueva del Evangelio y vive en nuestro corazón para amar.

Es decir; Dios ve, escucha, ayuda, camina, habla y ama a través de nosotros. Qué importante somos para Dios....

sábado, 2 de julio de 2011

Un Exorcista entrevista al Diablo

Un Exorcista entrevista al Diablo
Libro acerca del Demonio. ¿Quién es Satanás? ¿Que quiere? ¿Cómo actúa?
 Un Exorcista entrevista al Diablo
Un Exorcista entrevista al Diablo
Un sacerdote Italiano tuvo un día una idea muy extraña: "sería interesante poder entrevistar al maligno", pensó. Esta idea le surgió de un programa que por ese entonces se daba en la televisión italiana. De modo figurado se entrevistaba semanalmente a personajes como Cleopatra, o Pitágoras. Con su bagaje profesional de exorcista, él pensó: "¿y por qué no una entrevista con el demonio?". De inmediato sintió rechazo por tan peculiar idea, más sin embargo éste pensamiento vino a su mente una y otra vez, por semanas. Lo extraño era que el pensarlo le daba paz y seguridad, mientras que el desecharlo lo dejaba en un inexplicable estado de turbación interior. Un día, para su sorpresa, una joven desconocida se acercó a él en la puerta de la Iglesia y le dijo: ¿cuando va a decidirse a escribir sobre ese tema? Sorprendido le contestó: ¿Escribir, sobre que cosas? "Vaya, que usted lo sabe mejor que yo", respondió la joven. Pero, ¿quien es usted? La joven dijo finalmente: "¿qué interesa quien soy? vaya a ver a Aquella (y señaló una imagen de la Virgen), vaya a oír qué quiere Ella decirle".

El sacerdote dirigió su mirada a la imagen de María que se veía claramente dentro del templo, y cuando quiso hablar nuevamente con su extraña visitante, se encontró con que ella se había perdido entre la multitud. Sorprendido, se presentó ante la imagen de la Madre de Dios, y de inmediato sintió en su corazón la necesidad de escribir sobre aquel extraño tema.

Pasó el tiempo, hasta que puso finalmente un día manos a la obra, con su block de notas y su lápiz. Oró una y otra vez, dudó de su extraña disposición a iniciar una tarea de la que no tenía idea alguna sobre como empezar. Pero grande fue su sorpresa cuando escuchó claramente en su habitación una voz sórdida que le dijo: "Pediste entrevistarme, y aquí estoy". La propia Virgen había ordenado al maligno a someterse al reportaje del Padre Mondrone, para que podamos comprender más profundamente el misterio de la iniquidad, presente en nuestro mundo.

En esta "entrevista a satanás", el Padre Mondrone nos enseña a reconocer el modo de actuar del mal. Enseñanza fundamental para religiosos y laicos que quieran ser verdaderos soldados de Cristo. Es una lectura difícil, no para todos. Pero importante para quienes tengan el espíritu fortalecido y preparado.

Capítulo 1: Padre Nuestro, líbranos del mal

Un exorcista entrevista al Diablo
Autor: P. Domenico Mondrone S.I,

Capítulo 1: Padre Nuestro, líbranos del mal



(Discurso de Pablo VI - 15-XI-1872)


¿Cuáles son hoy las mayores necesidades de la Iglesia? No os parezca simplista, o incluso supersticiosa o irreal, nuestra respuesta: Una de las necesidades mayores es la defensa de ese mal que se llama Demonio.

Antes de aclarar nuestro pensamiento invitamos al vuestro a abrirse a la luz de la fe sobre la visión de la vida humana, visión que desde este observatorio se alarga inmensamente y penetra en singulares profundidades... Y en verdad, el cuadro que estamos invitamos a contemplar con realismo global es muy bello... Es el cuadro de la creación, la obra de Dios, que Dios mismo, como espejo exterior de su sabiduría y de su potencia, admiró en su substancial belleza, (Gen 1,10)

Después es muy interesante el cuadro dramático de la humanidad, de cuya historia emergen la de la redención, la de Cristo, la de nuestra salvación con sus estupendos tesoros de revelación, de profecía, de santidad, de vida elevada a nivel sobrenatural, de promesas eternas", (Ef. 1,10).

Sabiendo mirar este cuadro, no puede uno no permanecer encantado (S. Agustín, Soliloquios): Todo tiene un sentido, todo tiene un fin y todo deja entrever una Presencia-Trascendencia, un Pensamiento, una Vida y finalmente un Amor, por lo que el universo, por lo que es y por lo que no es, se presenta a nosotros como una preparación entusiasmante y gozosa de tantas cosas bellas y todavía más perfectas que esperamos. (1 Co 2,9; 13,12; Rom 8,19-23)

La visión cristiana del cosmos y de la vida es por tanto triunfal mente optimista; esta visión justifica nuestra vida y nuestro reconocimiento de vivir, por lo que nosotros, celebrando la gloria de Dios, cantamos nuestra felicidad (Cf. El Gloria de la Misa)


La enseñanza bíblica

Pero ¿Es completa esta visión? ¿Es exacta? ¿No nos importan nada las deficiencias que hay en el mundo? ¿Las disfunciones del mundo respecto a nuestra existencia? ¿El dolor, la muerte, la maldad, la crueldad, el pecado: en una palabra, el mal? ¿Y no vemos cuánto mal hay en el mundo? ¿Especialmente cuánto mal moral, es decir simultáneamente, si bien diversamente, contra el hombre y contra Dios? ¿No es este triste espectáculo un misterio inexplicable? ¿Y no somos nosotros, precisamente nosotros seguidores del Verbo, los cantores del Bien, nosotros creyentes, los más sensibles, los más turbados por la observación y la experiencia del mal?

Lo encontramos en el reino de la naturaleza, donde tantas manifestaciones suyas nos parece que denuncian un desorden. Después lo encontramos en el ámbito humano donde encontramos la debilidad, la fragilidad, el dolor, la muerte, e incluso cosas peores, una doble ley contrastante, una que quisiera el bien y la otra por el contrario vuelta hacia el mal, tormento que S. Pablo mete en humillante evidencia para demostrar la necesidad y la fortuna de una gracia salvadora, de la salvación traída por Cristo (Rom 7); ya el poeta pagano había denunciado este conflicto interior en el corazón mismo del hombre: "video meliora, proboque, deteriora sequor» (Ovidio Met 7,19)

Encontramos el pecado, perversión de la libertad humana, y causa profunda de la muerte porque es separación de Dios, fuente de la vida, (Rom 5,12), y después, a su vez, ocasión y efecto de una intervención en nosotros y en nuestro mundo de un agente oscuro y enemigo, el Demonio.

El mal no es sólo una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa.

Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien rechaza reconocerla como existente: y también quien hace de esto un principio en si mismo, no teniendo él mismo, como toda criatura, origen en Dios; incluso la explica como una seudo-realidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras malas obras.

El problema del mal, visto en su complejidad y en su absurdidad respecto a nuestra unilateral racionalidad, se hace obsesión. Ello constituye la dificultad más fuerte para nuestra inteligencia religiosa del cosmos. Por eso S. Agustín sufrió durante años: "Quaerebam unde malum, et non erat exitus", Yo buscaba de donde proviniese el mal y no encontraba explicación (Confesiones VII, 5,7,11, etc. P L. 32, 736, 739).

Aquí vemos la importancia que tiene la advertencia del mal para nuestra correcta comprensión cristiana del mundo, de la vida, de la salvación. Primero en el desarrollo de la historia evangélica al principio de la vida pública: ¿Quién no recuerda la página densísima de significados de la triple tentación de Cristo? Después en tantos otros episodios evangélicos, en los cuales el Demonio cruza los pasos del Señor y figura en sus enseñanzas (Mt 12,43). ¿Y cómo no recordar que Cristo, refiriéndose tres veces al Demonio, como su adversario lo cualifica como «príncipe de este mundo» (Jn 12,31; 14,30; 16,11)?

Y es la incumbencia de esta nefasta presencia es señalada en muchísimos pasos del Nuevo Testamento. S. Pablo lo llama “el dios de este mundo"( II Co 4,4) y nos pone sobre aviso acerca de la lucha contra las tinieblas, que nosotros los cristianos debemos sostener no con un solo Demonio, sino con una temerosa pluralidad: «Revestíos, dice el Apóstol, de la armadura de Dios para poder afrontar las insidias del diablo, porque nuestra lucha no es solamente con sangre y con la carne, sino contra los Principados y las Potestades, contra los dominadores de las tinieblas, contra los espíritus malignos del aire" (Ef. 6,11-12),

Diversas citas evangélicas nos indican que no se trata sólo de un Demonio, sino de muchos (Lc11,21;Mc 5,9), pero uno es el principal: Satanás, que quiere decir El Adversario, el enemigo; y con él muchos, todos criaturas de Dios, pero caídas porque se rebelaron y están condenadas. (Cf. Denz Sch 800-428); todo un mundo misterioso desbaratado por un drama desgraciado, del que conocemos muy poco.


El sembrador oculto de errores

Sin embargo conocemos muchas cosas de este mundo diabólico, que se relacionan con nuestra vida y con toda la historia humana. El Demonio está en el origen de la primera desgracia de la humanidad; él fue el tentador solapado y fatal del primer pecado, el pecado original (Gen 3; Sb 1,24). De aquella caída de Adán, el Demonio adquirió un cierto poder sobre el hombre, del que sólo la redención de Cristo nos puede liberar. Es historia que aún dura; recordemos los exorcismos del bautismo y los frecuentes referencias de la Sagrada Escritura y de la Liturgia a la agresiva y opresora "potestad de las tinieblas" (Lc 22,23; Col 1, 13)

Es el enemigo número uno, es el tentador por excelencia. Sabemos por eso que éste ser oscuro y perturbador existe verdaderamente, y que con astucia traidora actúa; es el enemigo oculto que siembra errores y desventuras en la historia humana. Recordemos la parábola evangélica reveladora del grano bueno y de la cizaña, síntesis y explicación de la absurdidad que siempre preside nuestras vicisitudes contrastantes: Inimicus homo hoc fecit" (Mt 13,28). Es "el homicida desde el principio... y padre de la mentira", como lo define Cristo (Jn 8,44-45); es el instigador del equilibrio moral del hombre.
Es él el pérfido y astuto encantador, que sabe insinuarse en nosotros, por la vía de los sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia, de la lógica utópica, o de desordenados contactos sociales en el juego de nuestro obrar, para introducirnos desviaciones, tanto más nocivas cuanto conformes a la apariencia de nuestras estructuras físicas o psíquicas, o de nuestras instintivas y profundas aspiraciones.

Este tema sobre el Demonio y el influjo que él ejercita sobre los individuos, sobre las comunidades, sobre enteras sociedades, sobre acontecimientos es un capitulo muy importante de la Doctrina Católica que se debe estudiar de nuevo, a pesar de que hoy se le da poca importancia.

Algunos piensan encontrar en los estudios sicoanalíticos y psiquiátricos o en experiencias espiritistas - hoy por desgracia demasiado difundidas en algunos países - un planteamiento suficiente. Se teme recaer en viejas teorías maniqueas o en pavorosas divagaciones fantásticas y supersticiosas. Hoy se prefiere mostrarse fuertes y sin prejuicios, positivistas, excepto en dar su fe a tantas gratuitas posturas mágicas o populares, o peor aún, abrir la propia alma - ¡la propia alma bautizada, visitada tantas veces por la presencia eucarística y habitada por el Espíritu Santo!- a las experiencias licenciosas de los sentidos y a aquellas deletéreas de los estupefacientes, como también a las seducciones ideológicas de los errores de moda, fisuras éstas a través de las cuales el Maligno puede fácilmente penetrar y alterar la mente humana.

No está dicho que todo pecado sea debido directamente a la acción diabólica (S. Th. 1,104,31) pero también es verdad que quien no vigila con cierto rigor sobre si mismo (Mt 12,45; Ef 6,11) se expone al influjo del "Mysterium iniquitatis", al que S. Pablo se refiere (II Ts 2,3-12) y que hace problemática la alternativa de nuestra salvación.

Nuestra doctrina se hace incierta, oscurecida como está por las tinieblas mismas que circundan al Demonio. Pero nuestra curiosidad, excitada por la certeza de su existencia múltiple, se hace legítima con dos preguntas:

¿Cuáles son los signos de la presencia diabólica? y ¿Cuáles son los medios de defensa contra este tan insidioso peligro?


La presencia de la acción del Maligno

La respuesta a la primera pregunta impone mucha cautela, aunque los signos del Maligno parecen tan evidentes (Cf. Tertuliano, Apol 23). Podemos suponer su acción siniestra allí donde la negación de Dios es radical, sutil y absurda, donde la mentira se afirma hipócrita y potente, contra la verdad evidente, donde el amor se ha apagado a causa de un egoísmo frío y cruel, donde el nombre de Cristo es impugnado con odio consciente y rebelde (1 Co 16,22; 12,3), donde el espíritu del Evangelio es adulterado y desmentido, donde la desesperación se afirma como la última palabra, etc. Pero es un diagnóstico muy amplio y difícil, que Nos no nos atrevemos ahora a profundizar y autenticar, no por eso privado de dramático interés, al cual también la literatura moderna ha dedicado páginas famosas (Cf. Las obras de Bernanos, estudiadas por Ch. Moeller Littér du XX siècle,I, Pag 397 ss; P. Macchi Il volto del male di Bernanos: satan; Études Carmélitaines, Desclée de Br. 1948)

El problema del mal aparece como uno de los más grandes y permanentes problemas para el espíritu humano, incluso después de la respuesta victoriosa que nos da Jesucristo: "Nosotros sabemos que hemos nacido de Dios, y que todo el mundo ha sido puesto bajo el Maligno"(I Jn 5,19).


Nuestra defensa

A la otra pregunta: ¿Qué defensa, qué remedio poner a la acción del Demonio? La respuesta es más fácil de formular, pero es difícil llevar a la práctica. Podremos decir: Todo lo que nos defiende del pecado, nos defiende por ello mismo del enemigo invisible. La gracia es la defensa decisiva. La inocencia asume un aspecto de fortaleza y después cada uno recuerda lo que la pedagogía apostólica había simbolizado en la armadura de un soldado, las virtudes que pueden hacer invulnerable al cristiano (Rom l3,12; Ef 6,11.14.17; 1 Ts 5,8). El cristiano debe ser militante, debe ser vigilante y fuerte (I Pe 5,8); y a veces debe recurrir a algún ejercicio ascético especial para alejar ciertas incursiones diabólicas; Jesús así lo enseña indicando el remedio «en la oración y el ayuno" (Mt 9,29 ). El Apóstol sugiere la línea maestra a tener en cuenta: "no os dejéis vencer por el mal, antes bien, vencer al mal con el bien" (Rom 12,21; Mt 13,29).

Con la certeza de las adversidades presentes en las que hoy las almas, la Iglesia, el mundo se encuentran, nosotros buscamos dar sentido y eficacia a la acostumbrada invocación de nuestra principal oración: «Padre nuestro... líbranos del mal». A todo esto ayuda también nuestra bendición apostólica.

* * *

N.B.

Refiriéndose a otra reflexión hecha por el Papa sobre el diablo, Michele Federico Sciacca, en un artículo publicado el 7-febrero-1975 en el periódico Il Tempo de Roma, con el título Satanás entre nosotros, escribía:

"Mal le fue al Papa Pablo VI hace algún tiempo por haber aludido al diablo en el sentido del Antiguo y del Nuevo testamento. ¡Ábrete, infierno! Fue acusado de retorno al Medioevo, de oscurantismo, de superstición, de ofensa en pleno 1974 a la ciencia y al espíritu científico racionalista y progresista. Pero, en resumidas cuentas, ¿este maldito Satanás vive o no vive? Si se le considera de una parte, siguiendo el Evangelio, como el tentador y el acusador que encarna el mal, entonces dicen que es una tosquedad de oscurantistas creer en su existencia y afirman que no existe; y por otra parte si se le identifica - y Satanás lo repite - con la razón humana rebelde y triunfante, con la que sonriente y operante vive «en la materia que nunca duerme», entonces afirman sibilínamente que es el símbolo sublime de toda gracia verdadera y victoriosa... de aquel ex-Dios. Superstición oscura ésta que procede de la ciencia iluminista, y por tanto sutilmente mundana... De ello se deduce que estas afirmaciones proceden de una mentalidad radicalmente perversa, (Cf. Michele Federico Sciacca, il magnifico oggi. Roma Città Nuova 1976 P. 283 ss)

Capítulo 2: A brazo partido con el Maligno

Un exorcista entrevista al Diablo
Autor: P. Domenico Mondrone S.I,

Capítulo 2: A brazo partido con el Maligno


La idea de este escrito me vino de improviso en una tarde de agosto del pasado año de gracia y de desgracias 1974.

Fue así: Desde hace dos meses, quizás antes, casi todos los días, a las tres de la tarde en punto, el Segundo Canal de la RAI emitía una programa titulado Entrevistas imposibles.

Se trataba de encuentros entre literatos, periodistas y estudiosos de cultura variada con hombres de¡ pasado: Con personajes del pensamiento, del arte, de la política introducidos bien o mal en la historia, con nombre más o menos famosos,

El programa era original y, si bien coincidiese con la hora de la siesta, me puse a seguirlo con asidua curiosidad.

Eran encuentros - decía - de hombres de hoy con otros de ayer para interrogarles, como si fuesen, por no se qué clase de truco mediático, momentáneamente revividos, y hacerles hablar y dar explicaciones de algunos de sus actos y confesar sus intenciones secretas, ya obligados a responder a las preguntas, ya puestos en la necesidad de justificarse de las cosas mal hechas de algún histórico.

El personaje entrevistado normalmente aparecía fielmente centrado en el ambiente de su tiempo. Las respuestas se referían a la vida y al pensamiento que le caracterizaron. Y cuando los entrevistadores eran muy inteligentes - no siempre - en poco más de un cuarto de hora nos daban buenas pruebas de habilidad mental con esbozos de retratos histórico-psicológicos de una feliz y muy vivaz finura.

Uno tras de otro venían interpelados, sin ningún orden cronológico, Atila, Marat, Casanova, Marco Polo, Pitágoras, Copérnico, Bruto, Diderot, Swift, Marco Aurelio, Pilatos, Cleopatra, la Beatrice de Dante, etc., aunque ésta villanamente desfigurada.

Entre una y otra audición me vino a la mente una observación muy extravagante:

“¡Falta una entrevista con Satanás!... Sería interesante. No obstante, hoy, con la habilidad que ha logrado tal maestro para no hacernos creer en él..."

El calor de aquella tarde era sofocante y me estiré sobre una silla para recuperarme un poco del sueño.


* * *

La mañana siguiente, apenas me despierto: "i Claro que una entrevista con Satanás, o mejor con el Maligno, sería fantástico! Qué importa que tantos no crean en él. Y recordé el planteamiento hecho por el Papa en uno de sus discursos del miércoles. Una fantasía bien presentada por lo menos lograría llamar la atención sobre tal sujeto. Quizás también a quitar el sueño a más de uno".

No pensé en ello durante cierto tiempo. Pero la idea se presentaba intermitentemente y a veces con extrañas líneas de algo factible. Si podría, por ejemplo, decir esto... presentar así un episodio... introducir este o aquel otro aspecto... Poco a poco se hizo un poco mi sufrimiento.

Una entrevista con el Maligno. No pensaba precisamente meterme en ella. /eamos entonces a quien confiarla. Comencé entre mí a dar nombres. Puse en mente a varios. Mientras pensaba en ello, uno tras otro iba descartando.

Meterse a dialogar con el diablo, aunque sólo sea sobre el plano de la fantasía, no es cosa fácil. Ninguno aceptaría una idea tan bizarra, y sobre todo, fuera de tiempo: ¡Cosa de la Edad Media!

Entre tanto, lo extraño era esto: cuando pensaba tomar en serio esta idea, sentía mi ánimo abrirse a la serenidad y a cosa interesante. Por el contrario cuando me proponía no hacer nada, me sentía inquieto y caía en un extraño nerviosismo. Había en mí algo que echar fuera, como una liberación.

En mi vida fue la primera vez que tuve la sospecha de tener necesidad de un neurólogo.

Una tarde fui, como obligado por no sé qué, a una iglesia, donde es venerada una Virgen muy querida por el pueblo romano, y la encontré, como cosa rara, muy llena de gente.

Sucedió algo increíble. Apenas pasada la puerta, se me acercó una muchacha de mediana edad, de baja estatura, con dos ojos luminosísimos y dulces, y de improviso me dijo: "¿Cuándo se decide a escribir aquellas cosas?..." Y me miraba con insistencia.

“¿Escribir? ¿Qué cosas?”

“Anda ya, lo sabe mejor que yo".

Pero Ud. ¿quién es?»

“¿Qué interesa decirle quien soy? Vaya a ver a Aquella - e indicó el cuadro de la Virgen - Vaya a oír qué quiere Ella decirle."

Un numeroso y compacto grupo de turistas invadió en aquel momento la entrada. La muchacha fue envuelta en la confusión y la perdí de vista

¡Qué cosa tan extraña! ¿Una alucinación o un aviso del cielo? Me sentí perdido y ridículo, sobre todo ridículo.

Encontrado un puesto adecuado, antes de ponerme a los pies de la Virgen para rezarla, aquel embarazo mío interno me desapareció como si nada. Sin volver a pensar al sufrimiento que me molestaba, experimenté dentro de mí como un empujón dulcísimo y firme a recogerme en el argumento para empezar a hacer cualquier cosa.

Mirando a la querida imagen, no me atreví a pedirla nada sobre esto, pues ya advertía en mí una promesa de asistencia materna.

"Está bien, dije saliendo. Me embarcaré en este asuntazo. Yo mismo escribiré esta extrañísima entrevista. Me saldrá algo que me cubrirá sobre todo de ridículo. Pero me habré quitado una idea fastidiosa de la cabeza"


Capítulo 3: Primer encuentro

Un exorcista entrevista al Diablo
Autor: P. Domenico Mondrone S.I,

Capítulo 3: Primer encuentro




Aquella misma tarde, después de una cena más bien rápida y desganada, me retiré a mi cuarto a despachar un poco de correspondencia.

Después de media hora me puse a recitar la última parte de la "Liturgia de las horas». Hice devotamente la señal de la Cruz y comencé:

´Jesús, luz de luz, - sol sin ocaso, -tu iluminas las tinieblas, - en la noche del mundo,- En Ti, Santo Señor - buscamos descanso- de la fatiga humana, - al fin del día"...

Noté esta vez, que cuanto más iba adelante, más crecía en mi el deseo de retrasar aquella oración habitual. Sentidos y gustos nuevos fluían de aquellas palabras antiguas y simples.

Al final, besé el breviario y lo puse aparte. ¿Y ahora qué hago? Algunas veces apunto notas rapidísimas en mi diario; intenté hacerlo pero pronto se me pasaron las ganas.

Volteándome, mi mirada se encontró con la imagen de la Virgen, ante la cual aquella tarde había ido a orar. Tuve deseos de entretenerme con Ella y, cogido el rosario del bolsillo, me hice la señal de la cruz. Las Ave María me venían dulcísimas como una íntima toma de contacto con Ella. No había terminado aún la primera decena, y ya me encontraba sentado y con la pluma en la mano.¿Cosa extraña? ¿Para hacer qué? Un bloque de papel estaba allí sobre la mesa: ¿Comenzar a escribir algo sobre aquella diablura? No pensaba en esto en absoluto. No tenía nada concreto en mi cabeza y la fantasía no parecía ayudarme.

Para hacer cualquier cosa, tomé el bloque de papel y escribí en lo alto: «Entrevista con Satanás". ¿No? corregí. Mejor decir: «con el Maligno". Este segundo apelativo es menos común y de un sentido más inmediato. Y permanecí con la pluma en el aire.

En aquel mismo instante advertí a lo largo de la columna vertebral una imprevista sacudida de frío que inmediatamente me envolvió todo entero.

Al lado de la escribanía, a la izquierda, la ventana estaba completamente abierta, instintivamente me levanté para cerrarla. Advertí sin embargo que de fuera venía un aire caliente. Era la tarde de una jornada calurosa de septiembre.

Mientras me tocaba las mejillas, la frente, mirando si tenía síntomas de fiebre, una hoja más bien fría me atravesó y tuve un extraño asalto de miedo. Me senté, permanecí un rato sobre mí mismo, después intenté acostarme en la cama. No logré moverme. Me sentía clavado a la escribanía, no porque alguien me hiciese violencia desde fuera, sino por un sentido de inercia total: una especie de pegamento.

Invoqué mentalmente a la Virgen que me miraba a unos metros de distancia de la pared y tuve una caricia imprevista de paz.

Mientras en mi interior daba gracias a la Madre Celestial, la silla, la escribanía, casi toda la habitación sufrieron un sobresalto misterioso.

"Has pedido entrevistarme, aquí estoy”

Era una voz lóbrega, áspera, metálica. Una voz que no supe precisar de qué punto venía, pero que desencadenó en mí un largo y muy fuerte escalofrío de miedo. Permanecí algunos minutos sin respiración, después tomé fuerzas.

“Pero ¿quién eres tú?".

“No seas estúpido, ¡soy yo!"

No había pensado nunca de poder pasar con mi entrevista del plano de la fantasía al de un tú a tú con el Maligno.

En un ángulo de la escribanía había un rosario e instintivamente lo cogí como si fuese un arma de defensa,

"iTira fuera esa tontería, si quieres hablar conmigo!”

“¿Tontería?..."

"iExcrementos de cabra colocados juntos!”

¡Si para ti es una tontería, yo lo beso y para tu desprecio lo enrollo entorno a mi muñeca, como defensa. Veo que te da miedo, bellaco!

¡Eso para mí es una guillotina!..

“¡Mejor aún, y gracias por habérmelo dicho!”

He intentado muchas veces explicarme cómo percibí aquella voz tan cercana, que no venía de ningún punto preciso de la habitación ni salía de mi interior. Sin embargo, lo comprendía claramente, siempre en un tono amenazador y desdeñoso y cargado de una rabia especial.

“¿Cómo es que has venido? ¿Quién te envía?”

"He sido obligado".

“¿Por quién ?” Siguió un silencio tenso.

“Vamos ¿obligado por quien?”

“¡Por aquella!”

“Gritó esta respuesta con un desprecio y con un odio indescriptibles."

“¿Quién es ella?" Sin embargo, había comprendido.

“¡No diré jamás su nombre!´

«¿Te quema tanto?«

"¡La odio infinitamente!",

“Porque es la criatura más alta y más santa…”

Masticándose las palabras con rabia: "¡Él la ha querido así para mi desprecio, para que fuese mi más aplastante humillación!”

Permanecí atolondrado. “¿Cómo es posible? ¿Eres el padre de la mentira y dices una verdad tan grande? ¿No te das cuenta que ésta es una alabanza inmensa?”

Mi pregunta quedó sin respuesta. Por esta vez esto fue todo.

Capítulo 4: Segundo encuentro

Un exorcista entrevista al Diablo
Autor: P. Domenico Mondrone S.I,

Capítulo 4: Segundo encuentro



Pasaron algunos días sin que sucediese nada nuevo. No sabía qué pensar. No tenía la valentía de invocar la vuelta de un tan singular interlocutor. Aquel primer encuentro había dejado en suspenso más de una pregunta. Pero fue cortado en lo mejor. Aquella última respuesta, sin embargo, tan inesperada, me dejó una alegría grande.

Una mañana, apenas había terminado de celebrar la Misa, tuve un deseo insólito de ir rápidamente a casa. Mi empujaba el extraño indicio de algo no acostumbrado.

«Aquel mensajero debe estar ya aquí, pensé. Correcto, he aquí los acostumbrados escalofríos de frió helado. No me había equivocado.

Me senté, invoqué mentalmente a la Virgen y esperé.

"Estoy aquí. ¿Qué más quieres preguntarme?".

Parece que aquel ser tenebroso hubiese sido puesto a mi dispo-sición.

“Antes que nada, debo agradecerte el alto elogio que la última vez hiciste a la Virgen. Me impresionó mucho tu respuesta. Y todavía no logro explicarme como se te haya podido escapar”.

“Es ella que me obliga a hablar así, ¿lo quieres comprender? Ella me obliga. Lo hace para contentarte y para humillarme. Pero tú,- recuérdalo - me las pagarás. Tú no lograrás comprender jamás qué tortura es para mí tenerla que obedecer obligándome a decir ciertas verdades. Yo odio la verdad, porque la verdad es Él, ¿comprendes? Tu permaneces horrorizado ante los tormentos a los que tantos subalternos míos someten a sus condenados políticos, recurriendo a la píldora de la verdad, al lavado de cerebro - todos son inventos míos, para que lo sepas - para llevarles a la autocrítica y a sacarles sus confesiones preestablecidas. Peor es el suplicio al que soy sometido por aquella para llevarme a escupirte en la cara ciertas verdades. Por eso, te repito que me las pagarás”.


"Gracias también por esto que me dices; pero si Ella está conmigo, tú no me das miedo”.

“Te he dicho que me las pagarás".

"De acuerdo. Pero continúa hablándome de Ella".

"Es mi más implacable enemiga".

“Lo creo: Es la Mujer destinada a darnos a Jesús, nuestro Redentor, el reparador de todas tus maldades, especialmente por habernos regalado el pecado y la muerte. Y Ella, por virtud de su Hijo, para tu humillación, ha vencido todo esto".

Un largo silencio de espera.

“Comprendo que no tengas mucho deseo de hablar de María. Eres infinitamente soberbio y el recuerdo de Ella es demasiado humillante para ti. Dijiste bien, es tu humillación más grande. Pero, en nombre de Ella, responde. ¿Creíste haber obtenido una victoria plena arrebatándonos a nuestra madre Eva? ¿Ni siquiera sospechaste que Dios te habría vencido con María? Una Madre infinitamente más grande que la que nos arrebataste y con la cual nos mandaste a la ruina. Dios nos ha dado a María y la ha hecho Madre suya".

"¿Pero por qué te obstinas tanto en hablarme de aquella? íDéjalo ya!”

«Precisamente porque te fastidia tanto...”

“Es una terrible desbaratadora de mis planes. Es una devastadora de mi reino. No me deja conseguir una victoria y ya me prepara una derrota. Me la encuentro siempre entre los pies. Siempre ocupada en atravesarse en mi camino, a suscitar fanáticos que la ayudan a arrebatarme almas. Allí donde más clamorosas son mis conquistas, en un silencio capilar ella multiplica las suyas. Pero ahora ha llegado el tiempo en que obtendré sobre ella victorias jamás vistas...”

"¡Efímeras como las demás!”

* * *

Aún un breve silencio. “¡No serán efímeras!.. Esta vez será una victoria total. Creía estar al seguro en una fortaleza inalcanzable. ¡Ahora os he abierto una brecha que será peor que la primera!...”

“¿Qué brecha? Pienso que corres demasiado. Estás muy seguro de ti mismo".

“Tengo de mi parte también a los teólogos. Los mis presuntuosísimos doctores, Si fuese capaz de amar, serían mis amigos más queridos. Vuestros cultivadores del dogma van abandonando una tras otra vuestras posiciones. Los he inducido a avergonzarse de ciertas fórmulas ridículas. A avergonzarse antes que nada de creer en mi existencia y en mi trabajo en medio a vosotros: Cosa para mí comodísima".

"¿Y con esto, crees?

«De este modo, las fábulas de la Inmaculada Concepción, de la Maternidad Divina, de la siempre Virgen, de la omnipotente llena de gracia están siendo desmoronadas como miserables necedades. Dentro de pocos años quedará solo el recuerdo - vergonzante recuerdo - de tan estúpidas leyendas. Mucho he debido esperar pero ahora ha llegado finalmente mi tiempo. íDefinitivamente ha llegado mí hora! ¡Si supieras lo bien que trabajan mis aliados: curas, frailes, doctores!... ¿Dónde están ahora los fanáticos de su culto, sus calenturientos simpatizantes?”

* * *

Parecía que se hubiese marchado. Pero estaba allí, quizás en espera de mi reacción.

“Lo sé: Has logrado reunir en torno de tantas verdades del Credo una polvareda irrespirable llena de confusión. Crees suprimir el sol sólo porque los has escondido detrás de cúmulos de nubes. Pero todo esto pasará. Bastará un soplo del Omnipotente para desbaratar todo lo que estás construyendo. Un soplo solo y Dios, en su Providencia, también de nuevo sacará bien del mal, Incluso de estas confusiones sabrá hacer brillar más espléndida la verdad”.

"No te hagas ilusiones".

"Sé que no me engaño. La fe me lo dice. Ni tú mismo, eterno mentiroso, crees en esta victoria final.

Tú te agitas porque sabes que Dios tiene medido el tiempo en el que, para sus designios, te deja exagerar. Tú sabes que el más poderoso es Él. Él tiene delante de Si la eternidad. En un instante te arrebatará de la mano tus victorias momentáneas. Eres el eterno fanfarrón ridículo. Te crees omnipotente, mejor aún quieres hacértelo creer a ti mismo, pero basta un signo de la cruz para ponerte en fuga, basta un poco de agua bendita para paralizar tu omnipotencia. La parábola del grano y de la cizaña ha sido dicha sobre todo para ti. Eres simplemente ridículo en tus bravuconadas. Eres un pobre perro atado a tu cadena. Tú no puedes nada más de lo que te permite Dios. Te lo permite para probar a sus elegidos en el tiempo, y derrotarle para toda la eternidad”.

“¡Qué elocuente eres! Has hecho una bella predicación para los papagayos de la parroquia. Tu reúnes palabras, yo cuento hechos".

“Te estoy solamente descubriendo tu mentira. Tu historia concluirá como empezó. Tienes la estúpida presunción de creerte semejante a Dios. Te rebelaste y Dios en aquel mismo instante, con un soplo te precipitó a ti y a los tuyos en los abismos infernales. Bastó un movimiento de su voluntad para fulminaros a todos, para transformaros de ángeles en horribles demonios".

“Todavía un trozo de predicación”.

"Sabes bien que no es predicación. Es un hecho tremendo. Como tremendo es el infierno en el que te precipitaste... A propósito: ¿Qué es el infierno?..."

Un silencio pesado como una pesadilla.

“En nombre de Ella, responde, háblame del infierno".

“Imposible decírtelo".

“Prueba”.

“Ni siquiera ella misma, en Fátima, supo explicarlo”.

”¿Cómo? ¡Aquellos pobres niños por poco no murieron de espanto!

"¿Y qué vieron... el infierno es bien distinto... Conténtate con esto”.


* * *

También esta vez tuve la sospecha de que se hubiese ido. De manera extraña me advirtió de que se encontraba allí.

“¡Desgraciado! Eras un ángel. Dios te creó riquísimo de dones y de bellezas divinas. Tenías la inteligencia de los espíritus elegidos. Es inconcebible cómo tú y los tuyos habéis podido atreveros a un tan estúpido pecado de rebelión. ¿Como intentar apropiarse de lo que no era vuestro? ¡Responde!”.

“Porque quiso someternos a una prueba infinitamente humillante para nosotros, espíritus altísimos. Una prueba inimaginable, digna sólo de una revuelta”.

“¿Qué prueba?"

De nuevo un silencio cargado de misterio. "Vamos, en el nombre de Ella que te ha obligado a venir, responde. ¿Qué prueba?".

"Nos impuso un obsequio muy humillante e inaceptable. Nos puso frente al diseño de la creación del mundo material, de todo el cosmos, por encima del cual os creó también a vosotros los hombres con el propósito de elevaros a la misma dignidad a la que nos había elevado a nosotros, y para colmo de todo, lo que hizo desencadenar nuestra revuelta… nos puso delante de la encamación del Hijo, hecho hombre, revestido de una naturaleza inferior a la nuestra, y nos impuso adorarle. Nuestra inteligencia se pasmó. Millones de ángeles se sometieron vilmente a Él. Muchísimos de nosotros lo vimos como una afrenta a nuestra dignidad y nos rebelamos. El castigo explotó de inmediato. Nosotros no queremos aceptar nuestra condición de criaturas, de tener necesidad de Él, de estar sometidos a Él. Nos creímos autosuficientes - y lo éramos - de nosotros mismos... En aquel rechazo nuestro gesto es de revuelta... Y en un momento nos encontramos como somos. Su condena fue sin apelación". Tampoco nos hubiéramos sometido a su voluntad.

“¿Y no era un pecado gravísimo de rebeldía?”

Un «Nooo…” lóbrego, largo, cavernoso, de helar la sangre, resonó un buen tiempo en la lejanía. Comprendí que había desaparecido, dejándose atrás un fracaso que parece el estrépito de un alud. Todo lo que era firme tembló. Salí al corredor mirando si alguien se hubiese percatado de algo. Nada. No vi a nadie.

Capítulo 5: Tercer encuentro

Un exorcista entrevista al Diablo
Autor: P. Domenico Mondrone S.I,

Capítulo 5: Tercer encuentro



Esta vez no se hizo esperar mucho.

La noche siguiente, estaba para meterme en la cama, cuando oí rumores extraños en la habitación. Eran pasos fuertes, casi sordos que hacían vibrar el pavimento. Advertida su presencia, agarré el rosario, hice la señal de la cruz, invocando mentalmente a la Virgen que estaba junto a mí, al lado de la cama, y esperé.

"Siento que estás aquí. Bien, en nombre de Ella, que te obliga a venir y a responderme, dime: inmediatamente después de tu gran pecado, ¿te diste cuenta de todo lo que habías perdido para siempre?»

“¡Qué pregunta tan estúpida!”.

"Gracias, eres muy amable; Sé muy bien que mi inteligencia no se puede comparar con la tuya. Por eso permíteme una pregunta aún más idiota: ¿Jamás te has arrepentido de aquel pecado?”

"¿Arrepentimiento?”, la respuesta surgió de inmediato, como un rugido de bestia.

"¿Pero no sabes que un acto de arrepentimiento hubiese sido un acto de amor? Y esto es totalmente inconcebible en nosotros. Nosotros fuimos inmediatamente investidos de un odio inmenso contra Él. Un odio implacable, eterno. Nos encontramos envueltos, casi petrificados, en una maldición que ha llegado a ser nuestra segunda naturaleza. “

Tranquilamente hubiese querido concentrar la reflexión sobre la desgracia irreparable de tantísimas criaturas tan excelsas, pero el otro me interrumpió.

“Después de habernos expulsados de su paraíso, se ha vengado destinando a nuestro estado a los seres más nauseabundos, vosotros los hombres, un amasijo de espíritu y de sucia materia. Ha hecho de vosotros un objeto de su amor infinito. Va mendigando de vosotros el amor que nosotros le habíamos rechazado. El amor por vosotros le ha hecho cometer locuras, hasta humillar al Hijo en el vientre de una mujer. Tiene la ambición de ocupar con vosotros los puestos que nosotros hemos dejado vacíos. Pero antes de que logre esto, llenaremos nuestro infierno con vosotros los hombres. La venganza que no podemos realizar sobre Él, la haremos con vosotros. “

"Eso es lo que tu sueñas. Pero entre nosotros y tú, sobre el vértice de tu abismo infernal está Cristo Crucificado, contigo tendrás solo a aquellos que obstinadamente quieran permanecer a tu lado. Todos los demás, también los pecadores, también los pobres infieles, te serán arrancados como presa que no te pertenece, porque no son tuyos, Él los ha pagado con el precio de Su Sangre y son suyos. ¡Me niego a creer que finalmente tengas tú más que Él!”

* * *

Hubo una pausa más bien larga. Tuve la sensación de que quisiera agredirme con un discursazo, y en efecto, pasó inmediatamente al ataque.

"¿Dices que Él tendrá más que yo?... ¿Pero es que no ves, ciego y estúpido como eres, que hoy estoy movilizando todo para vuestra ruina? ¿No ves que su reino se desmorona y que el mío se agranda de día en día sobre las ruinas del suyo? Prueba a hacer un balance entre sus seguidores y los míos, entre aquellos que creen en sus verdades y los que siguen mis doctrinas, entre los que observan su ley y los que abrazan la mía. Piensa solamente al progreso que estoy haciendo por medio del materialismo ateo y militante, que es el rechazo total de Él!
Aún un poco más de tiempo y todo el mundo caerá en adoración ante mí. El mundo será completamente mío.

"Piensa en las devastaciones que estoy llevando en medio de vosotros, sirviéndome principalmente de sus ministros. He desencadenado en su rebaño un espíritu de confusión y de rebelión que jamás hasta hoy había logrado obtener. Tenéis a vuestro guardián de ovejas, vestido de blanco, que todos los días habla, grita, charla inútilmente. ¿Quién lo escucha? Puedo hacerlo callar inmediatamente apenas quiera, en un momento puedo eliminarlo; basta que arme la mano de un emisario mío.

Todo el mundo escucha mis mensajes, los aplaude y los sigue. Todo está de mi parte. Tengo las cátedras con las que he puesto en jaque a vuestra filosofía. Tengo conmigo la política que os disgrega. Tengo el odio de clases que os hiere. Tengo los intereses terrenos, el ideal de un paraíso en la tierra que os enfrenta a unos con otros. Os he metido en el cuerpo una sed de dinero y de placeres que os hace enloquecer y que os está reduciendo a ser un tropel de asesinos.

"He desencadenado en medio a vosotros una sexualidad que está haciendo de vosotros un grupo exterminado de puercos. Tengo la droga que pronto os convertirá en una masa de miserables larvas de locos y moribundos. Os he llevado a adoptar el divorcio para reducir a fragmentos vuestras familias. Os he llevado a practicar el aborto con el que causo matanzas de hombres, antes de que nazcan”.


"¡Todos ángeles destinados al cielo!"

"¡Pero te parece poco haber convertido a las mujeres, a las madres en peores que las bestias; las he inducido a matar a sus hijos, cosa que ni las bestias hacen!”

“Todo lo que puede destruiros lo intento, y obtengo lo que quiero: injusticias a todos los niveles para teneros en un continuo estado de desesperación; guerras en cadena que destruyen todo y os llevan al sacrificio como a las ovejas; y junto a esto la desesperación de no saber liberaros de las calamidades con las que tengo que llevaros a la destrucción. Conozco hasta donde llega la estupidez de vosotros los hombres y la aprovecho completamente.

“La redención de aquel que se hizo matar por vosotros, bestias, yo la he sustituido por la de los gobernantes asesinos, y vosotros os arrojáis en su seguimiento como ovejas estupidísimas. Con las promesas de bien que os he hecho y que no obtendréis nunca, he logrado cegaros, haceros perder la cabeza, hasta llevaros fácilmente a donde quiero. Recuerda que yo os odio infinitamente, como le odio a Él que os ha creado. ¡Sí, vaya favor os ha hecho, enviando a su Hijo a desperdiciar su Sangre por la dichosa Redención. Yo os odio, os desprecio!”



* * *

“¿Y con esto?”

“¿Qué quieres decir? ¿No es suficiente? Puedo continuar, si crees...”

“¿Con todo esto crees poder cantar victoria contra Dios? ¿Tú serías el gran vencedor y Dios el gran derrotado? No niego que estás trabajando quizás como nunca, que ahora vas obteniendo seguidores más que en el pasado, pero en tus diseños eres un habilísimo inflador de balones. Te he dicho ya que tu historia concluirá como ha comenzado. Nuestra atención va hacia el final de todo esto. Entonces, tuviste en un instante muchísimos seguidores. Pero ¿cómo terminó tu gesto de rebelión? ¿Arrojaste a Dios del trono de su gloria?"

“¿Aún te engañas? ¿No has comprendido nada de lo que te he mostrado?”

“¡Tú eres el ¡¡uso! Todas estas fanfarronadas tuyas pueden impresionar a un hombre de poca fe, no a quien cree firmemente que Dios es Dios y tú eres un miserable rebelde, una criatura suya, que Él podría destruir con un soplo, en un solo instante, pero que no lo hará jamás. Has podido engañar a millones de hombres para que no crean en Dios, pero tú sabes que Él existe, que Él es el Omnipotente, que tiene en su mano el destino de los hombres y de la historia. Has querido entablar la guerra contra Él y te está dejando obtener algunos resultados, incluso momentáneamente espectaculares Pero sabes bien que su poder está condicionado a su omnipotencia y ¡la victoria final será sólo de Él!”

"¡Al contrario, será mía!”

“Mentiroso, ni tú mismo te lo crees, porque sabes bien con quien te has metido. Recuerda la lección del Viernes Santo. Trabajaste bien ese día. Por medio de tus satélites te apoderaste de Jesús y lograste hacerlo matar. Pero, en la ceguera de tu odio, no te diste cuenta que aquella muerte fue victoria de Él al quererla y tú fuiste un instrumento sometido. Creíste haberlo liquidado para siempre. Sin embargo, el vencido fuiste tú. Él resucitó al tercer día, vencedor de la muerte y del pecado. ¡Vencedor sobre ti y sobre todo tu infierno!”

* * *

“El misterio pascual te ha vencido de una vez para siempre. Sin embargo, se renueva, a lo largo de los siglos en la vida de la Iglesia y de las almas, en un enfrentamiento ininterrumpido de luchas, de muerte y de resurrección. Pero el triunfo del Reino de Dios aquí no se anuncia con las fanfarronadas, se anuncia y progresa y resiste a los ataques con el misterio divino del silencio”.

“Los acostumbrados viejos discursos de oratoria…”

“Sabes que esto no es oratoria. En la mañana que resucitó, Jesús no tuvo ninguna preocupación por vengarse de sus enemigos, de tus malhechores. No tuvo ningún deseo de humillarles, como Él habría podido hacer y como alguno podría haber esperado. Con una demostración espectacular y fulgurante de su triunfo sobre la muerte, hubiera podido aparecer ante el Sanedrín, ante Pilatos, ante Herodes, ante cuantos le humillaron y le dieron muerte... No fue a gritarles a la cara: "¡He aquí vuestra victoria!" Por el contrario, Su Majestad infinita está muy por encima de ese tipo de satisfacción triunfalista, no le preocuparon sus enemigos. No pensó en rehabilitar su reputación ante ellos”.

"Él inauguraba un estilo Suyo propio. Daba ejemplo de cómo se realiza su triunfo en esta tierra, de cómo procede su Iglesia en medio de los hombres y a lo largo de los tiempos: Un camino extenuante, duro, sin estrépito. Ella va adelante en el silencio, cubierta continuamente de heridas, rodeada de mártires que son sus testigos incomparables, obligada demasiadas veces a refugiarse en las catacumbas; pero todo esto ya se le había anunciado y eso es lo que la hace más semejante a su Jefe".

“¡Palabras, palabras, palabras! ¿No te das cuenta de que tengo en mi mano todas las fuerzas del mal?... ¿No ves cómo las he movilizado compactas contra el reino de Él?... ¡Mi ofensiva avanza ya incontenible!".

“¿Hasta cuando? Te crees el dueño de la situación. Te presentas corno el señor y el dominador del mundo. Y apenas eres el ejecutor de los planes de Él. Tú colaboras sólo a la magnificencia de su victoria final. Como tantas veces en el pasado, también hoy, la Iglesia tiene necesidad de ser purificada. A esto sirven las pruebas. Él no arranca su viña, la poda. La actual acción de obstáculo que tú y tus satélites habéis desencadenado en el seno del pueblo de Dios sirve a esto, a purificarlo. Los actuales logros aparentes de tu obra de seducción y de desorden le sirven a Él para sus planes. Al final se volteará todo contra ti y quedarás definitivamente vencido”.

Capítulo 6: Cuarto encuentro

Un exorcista entrevista al Diablo
Autor: P. Domenico Mondrone S.I,

Capítulo 6: Cuarto encuentro


No fue propiamente un encuentro como los anteriores ni como los que seguirán. Esta vez, excepto un rápido retorno del Maligno al final, se desarrolló casi todo en un largo y muy movido sueño. Todo aconteció de un modo que hubiera jurado que estaba completamente despierto. Los sueños, dicen, suelen ser breves pero éste me pareció larguísimo, si debo juzgarlo por las cosas que vi y que entendí. Era un sueño que llamaré adivinador.

Tuve la sensación de ser despertado de sobresalto, al ruido ensordecedor de miles de cornetas de coche, de tambores partiendo a ritmo de marcha, que martilleaban un impotentísimo canto marcial. Asomándome me encontré delante de una grandísima plaza, jamás vista por mí, repleta de gente, especialmente de jóvenes, que con banderas rojas en la cabeza, continuaban llegando de todas partes, como ríos en crecida que venían a desembocar en aquel mar de gente.

Un cañonazo fue la señal de un silencio inmediato. Todos estaban a mi espalda y mirando hacia un palco altísimo que surgía a lo lejos sobre el fondo de la plaza. Apenas aprecio allí un hombre con una larga tira roja a los flancos, gritos frenéticos de "viva" le saludaron durante largo tiempo. Hecho silencio a una señal suya, comenzó a hablar en una lengua de la que no comprendí ni una palabra.

Mientras asistía a esta espectacular reunión, sucedió un fenómeno extraño. A medida que el orador hablaba y los altavoces difundían la voz hacia todas direcciones, la superficie de la plaza se dilataba, se alargaba hasta no poder más reconocer con los ojos los confines. Sólo lograba captar un confuso fluctuar de gente hacia la lejanía cada vez más difuminada.

Fue aquí que, en el estupor de aquella extraña visión, intervino la voz alta y soberbia del Maligno:

“¡Mira, mira qué espectáculo tan maravilloso!... Toda la juventud se ha puesto de mi parte. Es mi juventud. A muchos he seducido con la lujuria, con la droga, con el espíritu de revolución. Pero a la mayor parte la he ganado con el lazo del marxismo materialista. Casi todos han venido aquí sin los acostumbrados esquís bautismales. Estos jóvenes han pasado a través de escuelas programadas sobre un ateísmo radical, Allí han aprendido que no ha sido aquél de allá arriba quien creó al hombre, sino que el hombre se ha creado estúpidamente a si mismo. Ahora aguerridamente luchan contra Él, que se resiste a desaparecer. Pero desaparecerá. ¡Es fatal! Estos jóvenes míos han aprendido a deshacerse de todas las verdades así llamadas metafísicas. Para ellos existe sólo el mundo material y sensible. Ha sido un universal lavado de cerebro, y nos serviremos de éstos para todos los que se atrevan a mantenerse todavía agarrados a las viejas creencias. Él debe desaparecer de modo absoluto. Pronto vendrá el día en que ni siquiera será recordado su Nombre. Las pocas zonas de resistencia que no lograremos eliminar con nuestra filosofía, lo haremos con el terror. Existe para los que queden, decenas y decenas de hospitales psiquiátricos y centenares de campos de concentración donde les enviaremos a morir. Así para todos los países de la tierra. Uno tras otro deben caer a mis pies, abrazar mi culto, reconocer que el único señor del mundo soy yo...”

* * *

En este punto, mientras el Maligno se exaltaba y se calentaba hablando con tanta seguridad, la plaza de improviso desapareció, y toda aquella muchedumbre desapareció, de toda aquella muchedumbre exterminada no quedaba ni la más pequeña traza, y el discurso del orador cesó como por una inesperada interrupción de corriente. En un instante me encontré en un profundo subterráneo iluminado escasamente, que me hizo recordar los pasillos de las catacumbas romanas, dominadas por un aire de serenidad y de paz.

Visto allá, a lo lejos un punto más luminoso, me dirigí con ánimo y paso seguro hacia aquel lugar. Presentándome, sentí venir a mi encuentro el eco de una oración coral. Me detuve, esperando captar el significado. Imposible; aunque se trataba de una lengua desconocida por mí, comprendí por ciertos motivos que era el Padre Nuestro. Una fuerza interior me animó a seguir caminando. Uno del grupo vestido de pope, se dio cuenta de mi presencia, vino inseguro y excitado a mi encuentro. "Sea alabado Jesús”, le dije. Ante aquel saludo, alargó los brazos y sonriendo me pregunto: "¿Eres acaso un hermano nuestro?».

"Si, soy un hermano vuestro” y nos abrazamos calurosamente.

“En nombre de Dios”, le pedí, “explicadme ¿dónde me encuentro y quiénes sois vosotros?".

“Te encuentras en un subterráneo del país de los sin Dios. Dos veces a la semana, de noche, nos reunimos aquí para nuestras oraciones comunes, para asistir a la liturgia, y dar testimonio de Dios lo mejor que podamos". Sonrió viendo mi estupor y continuó: "Mira, aquí somos apenas un centenar, pero en otros sitios se reúnen incluso más para orar por nosotros, por la patria, por el mundo entero".

“¿Cómo en los tiempos de las catacumbas?”

“Exacto, como en los tiempos de las catacumbas; ésta es nuestra catacumba"

“¿Pero es verdad que Dios ha sido eliminado de este gran país?”

“¡A Dios no se le puede eliminar, querido hermano! Expulsado de la puerta, entra por todas las vías misteriosas que sólo Él sabe abrirse”.

Mi interlocutor se dio cuenta de que estaba conmovido y calló.

* * *

"Veo que también hay jóvenes".

"Aquí cerca de la mitad de los que recogemos son jóvenes. En otros refugios aún son más. Jóvenes que no vienen sólo a orar sino a trabajar. Piensa, querido hermano, después de una jornada de fatiga demasiado extenuante, estos hijitos sacrifican por turnos, horas enteras, para venir aquí a prestar su trabajo”.

“¿Qué hacen?"

"Ven, te lo enseñaré”.

Después en una pequeña vuelta a la derecha, bajados pocos peldaños, nos encontramos en un antro con algunas salidas de seguridad y transformado en una oficina tipográfica rudimentaria: algunas máquinas de escribir; una multicopista que iba velozmente a pedaladas, una atadora y otros utensilios.

“¿Qué están imprimiendo?”.

«Ante todo parte de la Biblia, Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, pequeños misales, catecismos, libros de oración y también romances, poesías de escritores no aliados y condenados o expulsados de la patria. Creo que nuestro país una gran parte ha leído ya las obras de Pasternak, de Sinjavskij, de SoIzenitzin; el ejemplo de estos hombres es enorme sobre nuestra juventud.

Apenas ésta se ha dado cuenta de haber estado años y años engañada y embotada por mentiras en los discursos de las plazas, por los libros, en las escuelas, ha sido cogida por un hambre insaciable por la verdad: quieren saber la verdad sobre todo. No te digo la conmoción que nos sucede cuando no logramos escuchar la liturgia transmitida en nuestra lengua por Radio Vaticano".

* * *

Me di cuenta de mi interlocutor mientras me hablaba continuaba examinándome. Pero se dio cuenta que conmigo podía hablar libremente, y continuó hasta vaciar el saco. Me retiró un poco a un lado y acercándose un poco más, me tomó las manos en las suyas y continuó: "Mira, yo soy un pope pero hace años que disiento con mi superior local, demasiado politizado por el régimen y pasado al servicio del partido. He sido obligado por tanto a vivir escondido. Estos jóvenes lo saben; la voz ha pasado de éste a los demás refugios y así me toca vivir de uno al otro para el servicio religioso. ¡Qué jóvenes tan queridos¡ Me han dado toda su confianza. Me tratan como a un padre. Me abren su alma, ¡y si vieses qué almas!. ¡Sobre todo son héroes!

“¡Y esto en el país de los sin Dios!”

"Oh, no ¡no digas esto! ¡Aquí Dios existe, y trabaja con su gracia y obtiene! Créeme, en estos 60 años de prueba infernal el pueblo ruso ha dado a Dios ejércitos de Santos y de mártires como nunca en la historia pasada. Todo lo que este pueblo ha sufrido y está sufriendo no es algo perdido. Yo pienso que sea el largo invierno que prepara en nuestro país una primavera jamás vista, un renacimiento religioso que será la envidia de tantos países libres. Mira, yo soy acusado demasiado de hacer cristianos: estos jóvenes lo saben y de aquí su confianza. Piensa: entre ellos hay quienes saben de memoria el evangelio de San Juan, alguna carta de los apóstoles, la Pacem in terris, La Lumen gentium, el Credo de Pablo VI. Y editan y difunden todo esto. Rusia está llena de estos libros.

“¡Dios, Dios mío! ¡Qué cosas tan grandes me dices, hermano mío!"

“¿También tú eres sacerdote?”

“Sí”

Me abrazó y me besó: "¿Y vienes de Italia?... ¿De Roma?... Aquí dicen que Italia es toda comunista, ¿Es esto posible?.

«Toda no, pero una parte si".

¡Es increíble! ¿Pero saben qué significa vivir bajo el comunismo? Aquí en Rusia no hay ninguno que crea en ellos. Aquí ha sido suficiente que nuestros jóvenes habían aprendido a hacer la comparación entre la propaganda oficial y la realidad de la vida de nuestro país para perder la fe en la ideología del partido".

"Precisamente lo que en Italia no logramos hacer creer especialmente a los jóvenes. ¡Es un fenómeno de monstruosa ceguera!"

Me llevó todavía un poco más hacia un lado y continuó: "Mira, aquí el materialismo nos ha cazado en una calle ciega. El alma rusa no sabe prescindir de una explicación del hombre y del mundo, y como el materialismo en esto ha fallado, nos lanza con una sed instintiva a los valores espirituales, a la iglesia, a Dios. La ideología marxista nos lleva a la muerte y al nada, y nuestro pueblo tiene enraizada en el alma la fe en el más allá. Tú no puedes creer qué acrobacias de prudencia realiza esta pobre gente para poder decir un De profundis en la tumba de algún familiar sepultado recientemente. Cuántos vericuetos son necesarios para obtener en Pascua un poco de pan bendecido para distribuir en la mesa, después del saludo familiar "Cristo verdaderamente ha resucitado"

“Todo esto, querido hermano, lo sabemos y nos conmueve inmensamente”

“¿Entonces porque los italianos quieren caminar bajo el comunismo ateo?”

"Porque muchísimos creen más en el demonio que en Dios: Esta es la verdad"

“Estos jóvenes han comprendido que sólo El cristianismo pone el máximo acento sobre el valor de los derechos de la persona humana: el socialismo habla sólo de colectivismo, de masa, para él el individuo no existe".

“A este paso, hay que esperar que el más grande estado comunista del mundo, por la lógica de las cosas, pueda desenvolverse en la más grande fuerza anticomunista”

“Lo pensamos todos, hermano, aunque somos pocos a decirlo, porque es horrible el terror que se tiene de los juicios, del lavado de cerebro, de los campos de concentración diseminados por todo el territorio ruso. Aquí, sin embargo, la ideología marxista se rige únicamente por la fuerza. Pero el día en que ésta caiga - sólo Dios sabe cuándo- Rusia se presentará con un rostro completamente nuevo, religiosamente probada, gracias a la experiencia del martirio que ningún pueblo ha sufrido hasta ahora”

"Nosotros confiamos mucho en las promesas de la Virgen de Fátima”.


"¡Oh, la Santa Madre de Dios! ¡Si supieses cómo la venera nuestro pueblo! Y es Ella quien ha conservado - aunque en ciertos momentos muy reducida - nuestra fe. Sus imágenes han desaparecido de casi toda las casas, pero muchísimos las conservan escondidas, y sobre todo la invocan”

“¿Crees que pronto la oposición de los jóvenes, de los intelectuales, de la clase que reflexiona podrá aumentar?”

"Para mí es una cosa muy cierta. Y esto sucederá poco a poco a medida que progresará el descubrimiento alegre de la fe cristiana y la persuasión en muchos ya radicada de que el cristianismo es la única fuerza capaz de cambiar el mundo. Si entre nosotros se recogiesen las voces de nuestros convertidos del materialismo, pensarías en el milagro de un nuevo Pentecostés."

«Puedo decirte que muchas de estas voces llegan a nuestro país. Existen también antologías que las recogen, pero, por desgracia, no todos las leen".

"Conservamos cartas que nos llegan de los campos de concentración. Son de hombres, mujeres, de jóvenes allí condenados que nos animan a conservar intacta nuestra fe en Dios: imposible leerlas sin estremecerse de conmoción y sin llorar”.

En Italia se lee mucho El Doctor Zivago de Pasternák, La otra litera tura de Molicev, Padre Dimitrij Dunko, Párroco en Moscú,

Un golpe de gong anunció la recitación en común del Padrenuestro.

* * *

Aquí me desperté. Pero me di cuenta que a arrancarme del sueño fue un gran golpe en la puerta de la habitación. Miré el reloj, era todavía muy pronto. Un nuevo golpe me hizo saltar y grité: «¿Quién es?" La respuesta fue una risa burlona loca y sin sentido que me advirtió de inmediato de la presencia de él.

"¿Qué bello sueño, eh? Te habrá gustado mucho, pienso, Quizás incluso te habrá dejado la boca dulce. Pensando de nuevo, ¿serías capaz de creer todas aquellas bellas noticias?”

`Es una terrible desbaratadora de mis planes. Es una devastadora de mi reino. No me deja conseguir una victoria y ya me prepara una derrota. Me la encuentro siempre entre los pies. Siempre ocupada en atravesarse en mi camino, a suscitare fanáticos que la ayudan a arrebatarme almas. Allí donde más clamorosas son mis conquistas, en un silencio capilar ella multiplica las suyas. Pero ahora ha llegado el tiempo en que obtendré sobre ella victorias jamás vistas...


"¡Efímeras como las demás!”

Aún un breve silencio. “¡No serán efímeras!.. Esta vez será una victoria total. Creía estar al seguro en una fortaleza inalcanzable. ¡Ahora os he abierto una brecha que será peor que la primera!...”

“¿Qué brecha? Pienso que corres demasiado. Estás muy seguro de ti mismo".

“Tengo de mi parte también a los teólogos. Los mis presuntuosísimos doctores, Si fuese capaz de amar, serían mis amigos más queridos. Vuestros cultivadores del dogma van abandonando una tras otra vuestras posiciones. Los he inducido a avergonzarse de ciertas fórmulas ridículas. A avergonzarse antes que nada de creer en mi existencia y en mi trabajo en medio a vosotros: Cosa para mí comodísima".

"¿Y con esto, crees?

“De este modo, las fábulas de la Inmaculada Concepción, de la Maternidad Divina, de la siempre Virgen, de la omnipotente llena de gracia están siendo desmoronadas como miserables necedades. Dentro de pocos años quedará solo el recuerdo - vergonzante recuerdo - de tan estúpidas leyendas. Mucho he debido esperar pero ahora ha llegado finalmente mi tiempo. ¡Definitivamente ha llegado mí hora! ¡Si supieras lo bien que trabajan mis aliados: curas, frailes, doctores!... ¿Dónde están ahora los fanáticos de su culto, sus calenturientos simpatizantes?”

“Si, las creo todas como cosas verdaderas."

"No me maravillo, conozco tu credulidad. Crees también en los sueños".

“¡Cuántos sueños han venido de Dios!”

"¿Entonces serías capaz de probarme que una sola de todas aquellas tonterías responda a la verdad? Venga, una prueba”.

Estuve un tiempo sobre mí mismo, después apretando fuerte entre las manos la corona del Rosario, me senté sobre la cama y con tono imperativo dije:

Ya que vienes a desafiarme, en nombre de Ella, que es tu enemiga capital, te ordeno decirme si en aquel sueño había una sola mentira."

“Es todo una mentira”.

"Tú debes responder en nombre de Ella, te lo he dicho, en nombre de Ella."

En vez de responder, el Maligno se enfureció como no lo había hecho nunca. Parecía que estuviese desencadenando un terremoto.

“En vez de hacer toda esta comedia, te ordenó responder: Debes decirme que aquel sueño era verdad. Vamos, en nombre de María, te lo ordeno, responde”

Lo sentí gritar como un león herido de muerte y le vi desaparecer.